¿No es un descaro que Álvaro Uribe reciba el mismo premio que anteriormente le habían dado al presidente de Túnez, Zine El Abidine Ben Alí, quien gracias a dos reformas constitucionales lleva 22 años encaramado en el poder?
¿No es un descaro más feo que Uribe haya recibido el pergamino y la estatuilla dorada del premio de manos del empresario Juan Miguel Villar, presidente del grupo español OHL, que, curiosamente, participa en la licitación de la Ruta del Sol, el proyecto vial más ambicioso del gobierno? ¿No es un descaro que un licitante premie al presidente de la República en pleno proceso de licitación?
¿No es un descaro que mientras estallan escándalos de corrupción a diestra y siniestra, Uribe repita, repita y repita que el suyo es un gobierno que actúa con honorabilidá y trasparencia?
¿No es un descaro que el primer mandatario, sin empacho de ninguna clase, insulte al más alto tribunal del país y a su presidente, como si él mismo no tuviera unos antecedentes bastante abultados en cuanto a embustes, empezando por los falsos positivos?
¿No es un descaro que en los años recientes de prosperidad sin precedentes, en los que la economía dizque crecía a ritmos superiores al 5 por ciento, el desempleo haya aumentado inexplicablemente? ¿No es un descaro que el ministro de Hacienda, salga a inventarse disculpas ridículas, en vez de aceptar el terrible fracaso del gobierno en esta materia?
¿No es un descaro que el ex ministrico de Agricultura justifique las irregularidades que se presentaron con los subsidios de Agro Ingreso Seguro, defienda y le dé cartilla a su sucesor y luego de la fallida moción de censura salga junto a éste, del Capitolio Nacional, muerto de la risa? ¿No es un descaro que Uribito diga sin sonrojarse que si fuera presidente de la República, no sólo mantendría sino que multiplicaría el programa de AIS?
¿No es un descaro que el sector financiero cierre al año con utilidades superiores al 50 por ciento, y que al mismo tiempo Colombia sea el segundo país más desigual en América, superada sólo por Haití? ¿No es un descaro que los índices de pobreza e inequidad sigan disparados, mientras los banqueros se siguen llenando los bolsillos en medio de aplausos?
¿No es un descaro que, mientras las autoridades hablan de logros sociales y otras mentiras de esas, Colombia tenga la mayor cantidad de desplazados del mundo, después de Sudán? ¿No es un descaro que el gobierno haya desoído las innumerables sentencias de la Corte Constitucional que lo conminan a atender con carácter urgente a los millones de colombianos que lo tuvieron que dejar todo en el campo, por cuenta de la violencia?
¿No es un descaro que mientras todos los ciudadanos vemos cómo aumenta la inseguridad en las grandes ciudades, los altos mandos militares y de Policía salgan a decir que, por el contrario, la seguridad ahora es mejor que antes?